23 enero 2015



Lo que quiero y lo que no quiero


No quiero niños autómatas que deforman sus dedos jugando con amigos imaginados por otros para enriquecer adultos insensibles.
Quiero niños jugando en la calle segura, donde a distancia, padres ocupados en sus cuidados disfrutan de las risas infantiles que algún día ellos protagonizaron.

No quiero abuelos desahuciados y abandonados por sus gestores, robados por los banqueros que disfrutan de leyes que les permiten delinquir impunemente o compartiendo sus jubilaciones con nietos incapaces de sobrevivir e independizarse por la precariedad laboral.
Quiero abuelos cuidados por familias en los que la prioridad la determina la felicidad y la salud del final del camino compartido con sus seres queridos.

No quiero personas enfrentadas a sus vecinos venidos de otras culturas porque los intransigentes los convierten en enemigos y sean incapaces de luchar juntos para no tener que compartir la miseria.
Quiero ciudadanos educados en el respeto, la tolerancia, la generosidad y el esfuerzo desde la diversidad, sacando toda la riqueza posible a ese calidoscopio racial. 

No me interesa lo que el dinero me da, si no tiene que ver con la dignidad.
No quiero levantarme cada mañana con las manos  llenas, el corazón vacío y un sentimiento de  injusticia infinita.
Mis padres fueron luchadores en una España difícil, donde todo estaba por conquistar… la libertad, los derechos sociales, la sanidad, la educación, las pensiones, en definitiva, la tranquilidad que te permite la conquista de tus sueños, aquellos que te llevan al camino de la felicidad. 

El maltrato genera dolor, desconfianza, egoísmo, odio, triteza...
Inventemos un nuevo verbo que nos lleve al buentrato, por responsabilidad, por homenaje a nuestros padres que nos enseñaron a luchar por un mundo mejor y más justo, aunque pequemos de buenismo.
Empecemos a practicar el presente de indicativo en primera persona del singular... no será fácil pero quizá consigamos generar placer, confianza, solidaridad y un poquito de felicidad.

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