03 marzo 2017

Desafinada...



Como las cuerdas del violín, nuestro cuerpo desafina, se desajusta chirriante sin dar tregua.
Todo tiempo es vivido.
Cada momento es vital, aun aquel que ni sentir queremos, tal es el dolor que produce el miedo al miedo, el dolor del dolor, el dolor de sentir el miedo al vivir... y gemir y gozar y reír, mientras las cuerdas pierden tensión y los dedos se agarrotan, para mostrarnos que la vida es pasión de vivir, a pesar y gracias a percibir lo que cada centímetro de arrugada piel nos regala.
Y cada cual se desafina a su manera, igual que lo hace el instrumento.
Pero el Opus 131 de Beethoven... violines, viola, chelo... construyen en cada concierto la metáfora sonora perfecta que nos pone ante nosotros el gran reto de aceptar el camino sin pausa, sin descanso, sin parar para afinar cada elemento, asumiendo que el tiempo cambia nuestra alma y que la gracia está en aceptar, adaptar, y engarzar cada nota desafinada con las del resto de acompañantes hasta llegar al último compás....

Inspirada tras ver la película "El último concierto". 

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