20 marzo 2013

Y la primavera me pilló subida en el tejado



Qué iguales somos en lo más profundo de nuestro corazón. Qué desperdicio de energía cuando nos empeñamos en buscar las diferencias entre razas, colores, religiones, sexos... Todas están a la vista, o sólo hace falta escarbar un poquito para que salgan a la luz.
Sin embargo hay cosas profundas, auténticas, que nos unen por encima de tiempos y edades, por debajo de lugares y culturas. Hay quien cree que los Dioses regalaron al hombre la divinidad, pero la escondieron para que la encontrara a lo largo de su vida. Después de mucho pensar, decidieron guardarla en el interior de  cada individuo, sabiendo que es en el lugar donde más difícilmente miramos.
Pero son éstas, épocas de cambios, de conciencias que despiertan a una forma distinta de estar sobre la Tierra. Manchadas las manos de destripar terrones para preparar la huerta que alimenta nuestros cuerpos y con la cara fría del rocío que cae al mirar las estrellas que alimentan nuestros sueños, el hombre y la mujer miran su interior y descubren corazones que laten con fuerza.
Y las mujeres (al menos las mujeres) de todas las edades se reúnen alrededor de una mesa y se miran a los ojos, para ver que no hay diferencias, que todas, absolutamente todas, necesitan el amor para poder levantarse cada mañana y continuar buscando a las diosas que habitan en ellas.
Feliz primavera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario