24 abril 2013

Calma



Al principio las raíces de árboles centenarios impiden ver con claridad, el asfalto obstaculiza el acceso, los ríos subterráneos arrastran los reflejos de la memoria.

Pero por fin la luz permite ver el núcleo y alrededor de un fuego infinito, están sentados todos los hombres y mujeres que cambiaron el mundo.

El calor de las historias mantiene viva la llama del conocimiento, de la experiencia buena y mala.

Y los restos descompuestos de agredidos y agresores coinciden en algún estrato de la Tierra y de ellos surge una nueva flor, que se transformará en árbol, que dará nuevos frutos que alimenten a otros.

Pero frente a la pesadez de la roca preferimos mirar la ligereza del cielo y soñar que el vuelo es posible, aunque tengamos la certeza absoluta de un descenso inevitable.

Y con un manto de estrellas como único abrigo, reposaremos sobre la corteza con la calma de saber que bajo nosotros, en el corazón de la tierra que nos sostiene, está todo cuanto necesitamos.

Y algún día formaremos parte de ella.

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