21 febrero 2013

Mujeres aprendiendo a quererse



Mañana será otro día pensó, y cerró los ojos.



 “Pondré mucha atención al primer pensamiento que llegue  a mi cabeza, porque estoy segura de que condicionará todo lo que venga después”, decidió firmemente antes de que la conciencia de espíritu la abandonase definitivamente aquel lunes de febrero.

La jornada había sido realmente complicada. Niños, colegios, comida, facturas y para colmo, su amiga se había molestado con ella por un comentario ingenuo sobre no sé que bobada de las cortinas. Ah, si, su marido también había llegado demasiado tarde y cansado como para contarle ninguno de sus “problemas” (como odia ese gesto que tantos adultos se empeñan en hacer, con sus deditos de adultos y actitud de adolescentes que nunca dejaron de ser).  “Nadie les dijo que precisamente las comillas expresan en el texto el tono irónico que la voz dice por si misma”, piensa cada vez que ve a su marido hablando entrecomillado.

Todo había ido in crescendo con doble proyección: el estrés y mal humor fueron aumentando e inversamente proporcionales a su pérdida de energía y ganas de vivir.

Por eso, en días como este, se dedica a vivir la vida de los otros y para eso se sienta delante de la televisión y se traga todo tipo de programa en los que los familiares se insultan, los amantes se reprochan públicamente sus infidelidades, y todo tipo de lindezas humanas disponen de su minuto de gloria en formato full hd 1080 android.

Sin embargo es curioso descubrir que el estado anímico, la ganas de vivir, pueden volver desde el mismo lugar en el que se perdieron. Fue también en televisión donde escuchó a un personaje sin importancia una frase que la tocó en algún lugar de su cabeza y produjo un eco interesante que la tuvo inquieta el resto del día.

“Debemos aprender a querernos. Sólo podemos entregar a los demás lo que llevamos dentro” y en ese momento apagó las 32 pulgadas de pantalla (ni una sola quedó iluminada) y respiró. Los niños estaban haciendo sus tareas escolares encerrados cada uno en su habitación. Ella, sin embargo, se sentía vacía, cansada, frustrada y molesta.

Volvió a respirar y se puso las zapatillas de deporte. En cinco minutos estaba paseando, con el aire frío entrando hasta sus pulmones y la cabeza comenzó a desechar todos aquellos pensamientos que la llevaban a un lugar ingrato donde no deseaba estar.

Después de una hora de ejercicio a buen ritmo y de regreso hacia casa, paró en la panadería del barrio. “Una barra normal... y tres palmeras de chocolate, por favor”. El te humeante frente a ella y el primer mordisco del dulce, produjo una definitiva sonrisa en su interior. Su hijo entró por la puerta de la cocina en ese momento y también sonrió. “Me invitas a una”, dijo. Ella extendió la mano.

2 comentarios:

  1. Desde que nacemos y sobre todo en la infancia,
    vamos recogiendo información y registrando actitudes negativas hacia nuestra persona, sobre todo mediante críticas, cualidades, convicciones y comportamientos que con los años vamos teniendo.

    Muchas veces el esfuerzo por reprimirlos no alcanza y estos pensamientos negativos se manifiestan en forma inconsciente mediante estados de angustia, tensión tristeza e inquietud y no nos dejan continuar con nuestras actividades. Ese nexo de unión con nuestro recorrido en la vida, en las distintas etapas, que a través de creencias estamos aprendiendo a encajar.

    Este tipo de actitudes son percibidas muchas veces por el resto de las personas, y esto hace que se alejen y nos creen dificultad para relacionarnos con el resto de la gente que nos rodea.

    Es indispensable que aprendamos a reconocer y saber que no somos ni buenos ni malos, que tenemos que estar en paz con nosotros mismos, que somos como somos y que la gente nos tiene que aceptar así y que no me debe de importar en un grado extremo aquello que el oponente opine sobre mí ó sobre mi actitud, expresión, etc..., Tenemos que intentar revertir todo esto y trabajar de forma constante cada día, desde nuestro interior, para poder cambiar.
    NURIA.

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  2. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA


    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia.

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente.


    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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